2/06/2017

Cuando lo que importa es el vínculo, y no la sangre

Enric y Raquel adoptaron a su hijo en el 2016, a través del proceso de adopción que llevaron a cabo con el ICAA y con el Servicio de Adopciones de Niños con Necesidades Especiales de IReS. Ahora, con el pequeño de dos años, ya forman una familia numerosa que no tiene ningún miedo a ser diferente y han aprendido a abrazar más la vida, sean cuales sean sus circunstancias.

-¿Qué fase fue la más difícil durante el proceso de adopción?

Respecto al proceso de idoneidad: ¡duro, duro y duro! Los técnicos tienen un trabajo muy difícil y con mucha carga ética: decidir si esa persona o personas podrán ser una buena familia para una criatura a la que deben proteger. Y no podemos olvidar que la prioridad es proteger a los niños. Pero los que estamos al otro lado nos estamos exponiendo, compartiendo nuestra intimidad para que puedan decidir sobre algo que es súper importante en nuestra vida y que tiene una carga emocional brutal.

En todo momento el equipo de IReS ha respondido a nuestras dudas y nos han orientado siempre que lo hemos necesitado. Durante el proceso de adaptación contábamos con su acompañamiento y disponibilidad las 24 horas del día y aún mantenemos un contacto periódico para hacer el seguimiento. Aunque no hemos tenido ningún problema o dudas más allá de lo que puede ser habitual, te da una cierta tranquilidad saber que tienes a alguien a quien recurrir en caso de necesidad.

-¿Por qué decidisteis ser padres de un niño con necesidades especiales?

¿Por qué no? Estos niños necesitan una familia tanto como cualquier otro niño/a y nosotros queríamos ser padres. ¿Quién te garantiza que tu hijo/a no tendrá necesidades especiales seas madre/padre biológico o adoptivo?

Tu rol como madre/padre no cambia. Quizás requiere un plus, un extra, tanto cuando eres familia adoptiva como biológica. Pero al fin y al cabo creemos que ser padres es dar y eso es lo que necesita un niño, sea como sea o tenga la etiqueta que tenga.

Cuando supe que no podía ser madre biológica, decidimos directamente adoptar sin probar ningún tratamiento de fertilidad. Enric ya es padre biológico de dos jóvenes, dos soletes, Marc y Álex. Así que la decisión de ser padres adoptivos fue más mía. Sentía que la naturaleza me empujaba a esta vía que, además, la había contemplado desde joven. Estoy totalmente convencida de que lo que realmente importa son los vínculos afectivos y no la sangre. Siempre había tenido en mi imaginario esta opción: ser madre de un niño/a que necesitaba una madre.

Ninguno de los dos dudamos ni un momento sobre la adopción de un niño con necesidades especiales. Por el contacto que hemos tenido y nuestras trayectorias era algo que teníamos muy claro.

-¿Conocíais alguna familia que hubiera tomado la misma decisión?

Sí, cuatro: una muy cercana y con la que compartimos mucha vida, pues somos los padrinos de Jose. Dos más de “conocidos de conocidos” y otra familia con la que Raquel tiene contacto profesional.

 –Raquel, Enric, ¿qué destacaríais de vuestra experiencia de ser padre y madre del pequeño?

Querer ser padre o madre es un deseo muy fuerte que te nace de las entrañas. Se acompaña del corazón y la mente, pero el motor son las entrañas.

El proceso, para nosotros, fue una montaña rusa emocional: con ilusión, con incertidumbres, preocupaciones, alegrías, esperanza y siempre bajo la protección del paraguas de un fuerte deseo. A partir de la idoneidad viene “LA ESPERA”. Y la escribimos en mayúsculas porque así se manifiesta en tu vida. Nunca sabes cuando llegará “LA LLAMADA”. Este aspecto es muy diferente a un embarazo; aquí todo lo que planifiques está sujeto a que aún no ha llegado tu hijo/a, y no sabes cuando pasará. Tampoco sabes qué edad tendrá y no puedes preparar muchas cosas. Nosotros dentro de la franja que habíamos establecido era muy diferente recibir un niño de un año, por ejemplo y como fue el caso, que uno de 5 años y medio. Y cuando te llaman del servicio de adopción por algún tema, tú ves la llamada y se te acelera el corazón … “Oh, sólo era para ver cómo estamos y comentar algún cambio en el servicio.” “Y estos cambios, ¿tendrán repercusión en nuestro proceso? ” ¡En fin! Estas eran nuestras subidas y bajadas.

Y llega el momento de “la llamada”, y “la espera” se acaba. Te hablan por primera vez de tu pequeño y sales de allí amándolo mucho y imaginándolo. Y llega el día que tienes su foto y le hablas e intentas empezar a enviarle todo el amor que ya sientes.

-Y, llegados a este punto del proceso, ¿cuál ha sido vuestro aprendizaje como padres?

Por el simple y complejo hecho de ser padres, llegues por el camino que llegues, aprendes de tu capacidad de estima, las prioridades te cambian, de cómo de importantes son las cosas sencillas y básicas de la vida, de tu resistencia a no dormir y que puedes hacer muchas cosas en un solo día. Nuestro hijo, por como es él, nos enseña a abrazar la vida con una sonrisa sean cuales sean las circunstancias y no dedicar más tiempo del necesario a los sinsabores.

-¿Cómo es un día en su vida?

Entre semana se despierta allí las 6:45 y juega un rato en la cama con papá y después se cambia para estar limpio y almorzar. Cuando probó el pan con tomate y quesito dejó decididamente la papilla. Poco más tarde,  papá le lleva a la guardería donde juega, pinta, baila, hace psico, celebra las fiestas tradicionales y aprende a estar con otros niños. Marta, su profesora, nos dice que se ve un niño muy feliz. Hacia el mediodía, él recoge a mamá y vamos a casa a comer, dormir y descansar. Durante el camino nos gusta mucho ver los autobuses, que son “graaandes”. Por la tarde solemos ir al parque; se lo pasa pipa en la arena, con los columpios o persiguiendo a las palomas. A veces, también vamos a comprar y con ayuda de mamá él lleva el carrito. Después de un rato de juegos con los tetes o los papás, vamos a la bañera, cremita, masajes y a cenar. Unas canciones antes de dormir,  hacia las 21:30, y hasta el día siguiente.

-¿Qué dificultades experimentáis?

Nuestra percepción es que no hemos experimentado dificultades más allá de las que supone la crianza de un niño. Quizás nos habíamos mentalizado para tener muchas más complicaciones y el pequeño nos lo ha puesto muy, muy fácil. Hemos establecido el vínculo muy rápido y él no ha dado muestras de sufrimiento por los cambios.

Honestamente, no lo vivimos como un niño con necesidades especiales, sino como nuestro hijo. Cuando lo miramos con más distancia, nos damos cuenta de que tal vez lo que hemos tenido de diferente durante este año de camino juntos son las continuas visitas médicas con especialistas y de seguimiento en el Centro de Desarrollo Infantil y Atención Temprana.

Aunque no hay ninguna enfermedad grave, la espera de resultados de pruebas lo vivimos con desazón. ¡Quisiéramos tanto poder ahorrarle el sufrimiento cuando le hacen pruebas o que pudiera entender por qué le ponemos en esta situación!

Raquel recuerda la primera vez que le dijo “mamá” con toda la palabra -no “mmmm” o “Maam”. Lo dijo llorando, mientras intentaban encontrarle la vena para hacer una analítica. Pero no podía rescatarlo de esa situación, así que lloraba él, lloraba ella y lloraba la enfermera.

¿Es una dificultad? Es una realidad a la que hacemos frente lo mejor que sabemos y podemos. Estamos a su lado. Siempre.

-¿Cómo se imaginan el futuro con él?

Respecto el futuro, un aprendizaje que hemos hecho a lo largo de este proceso es no imaginar mucho, sino ir fluyendo y viviendo lo que llega. Te preparas para unas cosas y pasan otros; imaginas cosas y la realidad supera tu imaginación. Así pues, no tenemos una imagen perfilada del futuro con cosas concretas. Pero lo que no imaginamos es un futuro sin nuestro hijo. El futuro es un camino que recorreremos juntos, que ha comenzado con ilusión y lleno de amor y que no sabemos dónde nos llevará.

-Como todas las familias con niños, decidir qué es lo mejor para ellos genera miedos e inseguridades. ¿Cuáles han sido los vuestros?

En los miedos coincidimos ambos: que él tenga que sufrir más de la cuenta. El hecho de vivir conlleva obstáculos, no siempre todo es fácil y por eso es importante educar a los niños en superar la frustración y los contratiempos y en trabajar la constancia. Sin embargo, esperamos que la dosis “de tropiezos” que se encuentre sea el estándar, que no tenga que sufrir ninguna enfermedad grave y que no tenga graves dificultades para encontrar su camino, el camino que le haga feliz y en el que lo acompañaremos.

Nos genera inseguridad, como cualquier familia, la típica pregunta de: “¿Lo estaré haciendo bien?”. Y por otro lado, cómo explicarle la adopción cuando llegue el momento. Tenemos muy clara la teoría, hablamos mucho en la formación y nos dieron material, pero somos conscientes de que otra cosa es la práctica, donde se ponen en juego las emociones. En fin, cuando nuestro hijo, al que adoramos, nos haga la pregunta “¿y yo estuve en tu barriga?”, así como todas las que vendrán después, esperamos estar a la altura de lo que necesite y hacerlo lo mejor posible.

 -¿Qué valores cree que debe compartir una familia que tiene niños con este tipo de necesidades?

Creemos que el respeto por la personita que tienes delante es esencial. La capacidad de amar al otro tal como es y no cambiarlo según tus expectativas. Flexibilidad, poder adaptarse a nuevas circunstancias y encontrar lo positivo. Alegría, sentido del humor, empatía, comunicación, paciencia y capacidad de autocrítica. Humildad: saber pedir ayuda. Y tiempo. Valorar el tiempo y compartir tiempo. Todo esto sería ideal para cualquier relación humana, ¿verdad? Porque no hay nadie perfecto … ¡o no lo conocemos!

-¿Qué le diría a aquellas familias que se plantean hacer una adopción de este tipo?

Nuestra experiencia es muy positiva, así que los animaríamos. También los avisaríamos que el proceso de valoración de idoneidad y la espera nos removieron mucho. De todos modos, no hay nada que no se desvanezca con la llegada de tu hijo. Su mirada cómplice, el sonido de su risa, el calor de sus manitas, sus abrazos buscando protección, su mano cogiendo hacerte para ir contigo a descubrir el mundo con ojos expectantes … Cada detalle lo llena todo de sentido.

Muchísimas gracias a toda la familia.

Família d'Adopcions d'IReS