7/07/2017

Empoderamiento grupal: ¿Bailamos?

Son las 10.30 de la mañana y Laura y Miguel, profesores voluntarios, están ultimando los detalles del taller de Lindy Hop en la sala 1. El sol entra por las ventanas propiciando una luz clara y cálida que parece anunciar el calor que experimentaremos a continuación.

Poco a poco, van llegando las primeras participantes. De fondo, suena Sing sing sing de Benny Goodman.

Hacia las 11h, ya estamos todas. Los problemas se quedan en la puerta. Las dudas, también; no entran. La frustración, los miedos y las inseguridades se quedan hoy arrinconadas.

Tan sólo un cuarto de hora más tarde, la sala ya está llena y después de una breve introducción a la historia del swing que nos hacen Laura y Miguel, suena la música. Los cuerpos empiezan a moverse, los pulsos se aceleran y las risas se escapan por todo el pasillo.

El Lindy Hop es un estilo de baile social de origen de calle que surgió en una época de gran depresión en el Harlem de finales de los años veinte del siglo pasado y en el que la diversión, la musicalidad y la improvisación son sus principales valores. Tal como relataban bailarines de la época como Frankie Manning, en salas como el Savoy no importaba el color de la piel ni la posición social, solo se tenía en cuenta si bailar.

Con el mismo espíritu, y en un contexto semejante, la crisis económica de 2007, el swing vuelve a estar de moda y proliferan en nuestras calles y plazas los bailes característicos como el Balboa o el Lindy Hop, con el único requerimiento de llevar dibujada una sonrisa en la cara.

El taller transforma la sala en una pista de baile donde se entrecruzan las parejas y nos falta el aire. Paramos. El ritmo, sin embargo, no se detiene. La melodía nos devuelve a la pista y nos hace volar por encima de nuestros cuerpos. Los pasos están claros; pero nos tropezamos. Chocamos las unas con las otras, buscamos el espacio… y lo encontramos.

Hacia el final del taller, nos sentimos cansadas, contentas, renovadas y con esperanza. Las piernas duelen. También la cara de tanto reír. Después de los abrazos y agradecimientos a Laura y Miguel, juntas, salimos de la sala sonriente, comentando la jugada y hablando sobre el próximo encuentro

El trabajo social a través del baile

Lourdes coge el teléfono. Nos cuenta que hace días que no tiene ganas de nada. No encuentra trabajo y teniendo que luchar a diario para mantener a su familia, se encuentra exhausta y desanimada. Le comunicamos que haremos un taller de Swing y que está invitada a participar. Le cambia la voz. Menciona que siempre ha querido bailar swing. Le gusta mucho, pero no encontró el espacio, el momento y las personas para hacerlo. Hasta ese día. Llega puntual, con la sonrisa y los nervios. Se escucha al Miguel y conversación con el compañero de al lado. Se intercambian una mirada de complicidad. No hay vergüenza, hay confianza. El espacio está. El momento es ahora y el grupo se apoya mutuamente. Suena la música y en un instante todo desaparece; Lourdes está volando por la pista. Sigue los pasos, acierta uno y se equivoca en el otro. Rectifica, aprende, sonríe, disfruta.

El trabajo social grupal es una herramienta fundamental para el empoderamiento de personas y comunidades. En nuestra praxis diaria, el vínculo lo es todo. Es en la relación interpersonal, donde crecemos y aprendemos las unas con las otras. Donde caemos y nos levantamos. Establecer una metodología horizontal, donde el profesional se sitúa al lado de la persona, y no delante, no es una cuestión formal, es una actitud orientada a la transformación social. Favorece procesos de emancipación y empoderamiento para establecer su proyecto vital.

Crear grupos heterogéneos donde participen usuarios de colectivos diferentes, y se relacionen con técnicos, voluntarios y otros agentes de cambio, potencia en la persona la sensación de igualdad, de pertenencia a un grupo, a una comunidad y, en definitiva, la inclusión social plena. Compartir estos espacios fortalece el vínculo profesional-usuario, mejora el autoestima, fomenta la cohesión y permite que la persona diseñe de manera abierta y con confianza un plan de trabajo orientado hacia la autonomía con el acompañamiento del técnico.

La música, el baile y la danza, son elementos que nos conectan el cuerpo y el alma. El Lindy Hop en particular no tiene ninguna regla. Fomenta la creatividad y dibuja sonrisas liberadoras. Un taller como este permite trabajar aspectos clave en la intervención social: la gestión de las emociones, los intereses personales, la importancia de espacios propios, la promoción de hábitos saludables, crear red, etc. El vínculo con los técnicos y otros usuarios se fortalece y lleva a una mejora de la autoestima. Una autoestima alta conduce al apoderamiento que permitirá afrontar las situaciones duras por las que están pasando muchas personas con más herramientas que antes.

Equipo Aferra’t

El Aferra’t es un proyecto dirigido a la mejora de las condiciones de vida y de empleabilidad de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Se trabaja para fomentar la autonomía de los y las participantes, para que sean ellos/as mismos los que tengan las herramientas para e