2/11/2017

Yo me digo a mí misma: “Aminata, levántate”

Historias que inspiran: El camino de regreso de Aminata

Hace días que Aminata espera la visita de Pilar, trabajadora social de IReS y testigo de su proceso vital. Mientras la invita a sentarse en el salón de su casa, prepara té caliente, bastante azucarado, como a ella le gusta porque, si ha de hablar sobre su vida, que todo adquiera el sabor más dulce.

Aminata es natural de Senegal, tiene 71 años y vive sola en Barcelona. Aunque ha trabajado sin parar durante 26 años aquí y dispone del permiso permanente de residencia y trabajo, ahora vive de una Pensión No Contributiva porque no puede acogerse al sistema contributivo de pensiones. En 1998 fue derivada al Servicio del Programa de Renta Mínima de Inserción (PIRMI) de la Fundación IReS. A pesar de las complicaciones de su salud, tiene mucho cuidado de sí misma ya que su sueño es volver a Senegal a vivir sus últimos años rodeada de su familia. Es viuda y madre de cuatro hijos, dos de los cuales pudo llevar al 2001 en España. Su historia nos conecta con la realidad de muchas otras personas que un día decidieron dejar atrás su país natal para encontrar nuevas oportunidades en Europa. Forma parte de una generación de edad avanzada que ha tenido que superar muchos obstáculos para estar donde está. Quizás por esta razón, no recomienda a nadie vivir su experiencia.

 “A las personas que se plantean venir yo les diría que no vengan, que se queden en su tierra … Pero no soy quién para mermar sus ilusiones“. Aminata habla de estos hombres y mujeres jóvenes que salen cada día en las noticias, que vienen a construir una vida nueva en un país occidental atravesando, en muchos casos, condiciones que rebasan los límites de la dignidad humana. Detrás de cada historia de inmigración hay una decisión valiente y empujada por la ilusión.

En Senegal, Aminata recuerda una infancia sin carencias durante un tiempo, ir a escuelas francesas y estudiar hasta que su padre murió. En una sociedad de cultura poligámica como la de su país, la situación de dependencia del hombre deja en unas condiciones económicamente muy precarias a las mujeres. Esto es lo que le pasó a ella: “Nos quedamos solas y sin nada y ver a mi madre llorando todo el tiempo, sufriendo por su situación, me dio las fuerzas para salir adelante.”

Hay que decir que Aminata es una mujer de retos y, como la vida nunca se lo ha puesto fácil, ella misma ha desarrollado una capacidad única para recuperarse de cada situación. Consiguió un trabajo en Dakar llevando una tienda de producto autóctono artesano y terminó llevando su propio negocio con la que había sostener toda su familia tras enviudar. El negocio la llevaba a viajar a menudo en Francia, Alemania y España, donde todo visitaba Barcelona. Un día una amiga la alentó a quedarse en la ciudad catalana. Animada por su encanto y por la idea de vivir aquí y ahorrar para sus hijos, en 1990, dos años antes de vivir los Juegos Olímpicos, dejó todo para instalarse aquí sola.

 “Pensé que quedándome aquí automáticamente obtendría los papeles”. Después de los Juegos Olímpicos del 92, pronto se disiparía aquella esperanza y vería la cara menos amable de la ciudad. “Cuando vienes de visita, todo está bien, cuando decides quedarte todo es diferente.”

Paint esta realidad, Aminata pasó varios años sola, lejos de su familia y su cultura y del mundo que conocía. Vivía en situación de precariedad manteniendo varios trabajos, a veces más de dos a la vez, en duras condiciones: sin contratos legales o documentación y con salarios muy bajos para jornadas demasiado extensas. Todo, para poder alimentarse y apenas pagar el alquiler de casa y enviar dinero a Senegal. A pesar de las circunstancias, nunca olvidaba sus obligaciones con sus raíces. Y su deseo: que sus hijos vinieran a vivir con ella. “Aquí cada uno vive por su cuenta pero en los países africanos la gente vive para los demás… En el caso de los senegaleses yo sé que todos tienen la mente aquí pero el corazón puesto en su tierra”. Ella tenía el problema añadido de vivir sola y sufrir por todo lo que había dejado en su tierra.

Una mujer tan fuerte como Aminata, principal pilar de toda su familia a pesar de vivir sola en una ciudad extranjera, pocas ocasiones tenía para hacerse escuchar, expresar su sufrimiento, sus preocupaciones en el presente y sobre el futuro de ella misma y de sus hijos. En definitiva, mostrarse vulnerable. “Yo estaba muy mal. No sabía qué hacer con mi vida “, cuando no encontraba la solución para nada, unode sus amigos le recomendó a la Fundación IReS.

“La verdad es que tuve suerte con IReS, me escucharon y hacer mirar las cosas con otro punto de vista”. En la fundación, por primera vez se pudo abrir. “Y entonces encontré las soluciones para algunos de mis problemas que no sabía cómo solucionar”.

“Debemos tener” buena cabeza “para levantar de nuevo a cada golpe de la vida”, es lo que afirma Aminata mientras continúa explicando su camino por esta ciudad. Dice que la fe y la religión pueden ayudar pero no te dan para comer. “Si sólo estás acostumbrada a que todo salga como tú quieres, sin ninguna dificultad y un día lo pierdes todo… ¿Qué pasará contigo? Tienes que saber luchar. Yo me digo a mí misma: Aminata, levántate “.

 Después de realizar un plan de trabajo gracias al acompañamiento de profesionales de IReS, ya estaba preparada de nuevo para continuar avanzando. Los trabajadores proporcionarle herramientas y recursos que le abrieron nuevas puertas al mundo laboral. “Encontrar trabajo no es fácil pero la mayor parte de las ocasiones en que me ofrecían un puesto de trabajo ¡me cogían!” Afirma la mujer con orgullo. Encontró “un buen trabajo” a un centro de atención de personas con discapacidad intelectual y autismo, pero allí, trabajando noche y día con ellas, no podía evitar pensar en los suyos. La falta de afecto que tenían le hacía recordar a sus hijos… ¿Sentirían ellos lo mismo? “Me daba cuenta de que no todo el mundo podía realizar esa tarea. Aquellas personas necesitaban mucho amor. Tienes que ser muy fuerte para aguantarlo “. A pesar de aquellos días tan duros, Aminata no imaginaba cuán cerca estaba de conseguir su sueño. Aquel contrato de trabajo le permitió regularizar su situación y reencontrarse con sus hijos en Barcelona en 2001. Habían pasado más de 10 año sin verles, todo estaba mucho mejor ahora que los tenía con ella, aunque todavía quería una poco más.

“Siempre me han gustado los retos, no me gusta coger las cosas fácilmente” Continuando con su plan de vida, en 2004 decidió dejar su trabajo en el centro y abrir su propia tienda para devolver a su vocación mercantil. Ella sabía que podía dar más de sí misma y estaba motivada por esta idea. Viendo como una señal clave las ayudas económicas que el gobierno estaba otorgando para pequeños proyectos emprendedores, apostó por hacerlo sirviéndose de las ayudas y recursos que la vida ponía a su alcance. Uno de estos recursos fue el asesoramiento de Jordi, uno de los trabajadores de IReS. “Me apoyaron con todos los trámites para conseguir la documentación que necesitaba y describir mi proyecto.”

Confiesa que no se lo creía del todo al principio pero finalmente en pocos meses se vio sirviendo a los clientes de su tienda. “Funcionaba muy bien pero trabajaba muy duro todos los días, incluyendo sábados y domingos”. Un día, dirigiéndose al banco se desplomó. La llevaron al hospital donde el médico le diría que sufría de una hipertensión muy fuerte y de fatiga. Le preguntaron si ya descansaba suficiente. “En 10 años, desde que llegué a España, nunca había tenido un solo día de vacaciones… Descansar… ¿para qué?”.

Con su propio negocio, seguía teniendo muchos frentes abiertos: la angustia de mantener de la tienda, la casa, la familia en África, y, sobre todo, la educación de sus hijos ya adolescentes. Al cabo de un año, aunque la tienda estaba bien posicionada y contaba con la fidelidad de muchos clientes, Aminata tuvo que cerrar. Mouhammed y Seydi, sus hijos, no querían hacerse cargo y ella ya era demasiado mayor para dedicar tanta energía a su negocio.

No había sido nada fácil pero finalmente lo había conseguido casi todo. El reencuentro con sus hijos y la apertura de su tienda fueron los momentos de mayor felicidad en su vida y por eso se le iluminan los ojos cuando habla de ello. Aparte de esto, también recuerda con ilusión el día en que entró a vivir a un piso con ascensor, detalles sencillos pero que perfilan el nivel de bienestar de una persona que ha vivido en situación de vulnerabilidad durante tanto tiempo.

El último reto

Cuando recuerda también la ayuda que ha recibido de varias personas aquí, sus ojos se serenan. Pilar ha sido una de esas personas con las que, codo con codo, ha ido haciendo realidad su plan de vida. A través del proyecto de acción social Aferra’t, dirigido a la mejora de las condiciones de vida de personas que se encuentran en situación de pobreza, ambas mujeres han establecido un vínculo, ya no entre profesional y usuaria, sino entre personas. La finalidad del proyecto es que, trabajando desde el vínculo y el acompañamiento, personas como Aminata sientan la seguridad, la confianza y la libertad necesaria para avanzar en su camino hacia la autonomía y el bienestar.

Si se conoce a Aminata, se puede decir que es una mujer fuerte, pero también tuvo que pagar un alto precio para lidiar con todo ella sola. Y por eso agradece los momentos en que la acompañaron, porque le hicieron recuperar su poder. “Siempre he querido tener mis cosas y conseguir mis propósitos sin depender de nadie”. Sus palabras cobran aún más veracidad tras escuchar su historia. La voluntad de Aminata es firme y tiene claro que es merecedora de la nacionalidad después de haber trabajado duramente tantos años. Vive un momento de su vida en que aún reserva ilusión esperando su nacionalidad y poder volver a casa para vivir con sus hijos, nietos y nietas. Espera así su camino de regreso.

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